En torno a: Educación \ Arquitectura

SESION III \ Maureira - Coronado

Sabemos que taller es el corazón de la enseñanza y lo llamamos ramo troncal. Sabemos que enseñar arquitectura es sobre todo enseñar a pensar como  un arquitecto (Shon). Y aunque Taller de proyecto suele plantearse metodológicamente como  la resolución de proyectos de arquitectura individuales, (o propuestas y modelos espaciales en primer año), el foco central del trabajo en taller es que el estudiante internalice un proceso de diseño creativo.


Este desarrollo que es esencialmente un proceso de descubrimiento del espacio, del acto, de la observación, de la reflexión y de la  expresión, trata sobre todo, en un inicio, de adquirir la confianza en que a pesar de lo confuso e indefinido que les parece el trabajo planteado, finalmente se llegará a una propuesta espacial, se llegará a un resultado final.


El alumno no entiende en un inicio el proceso y el profesor, que entiende el proceso no puede explicarlo. El proceso creativo se mantiene oculto e inalcanzable, sin embargo se realiza.Entonces surge la pregunta. Si consideramos que a la enseñanza es sobre todo el descubrimiento de un proceso creativo, cual es el rol que efectivamente realiza el profesor y como logra que se desencadene la creatividad.

 

Lo primero es comprender, como dice Montellano, que los alumnos pueden ser educados para crear y que la creatividad es un talento humano que se puede desarrollar y modelar. Para ella el actuar creador se disfruta, es un acto lúdico.


Estas afirmaciones se verían apoyada por la experiencia de arquitectos como Zumthor que define el proyectar como “un pensamiento asociativo, salvaje, libre, ordenado y sistemático en imágenes, imágenes arquitectónicas, espaciales, en color y sensoriales.

 

Extracto Texto
“Experiencia Lúdica”
Claudia King